El Domingo de Ramos, fue el día en el que para los cristian@s comenzó formalmente la Semana Santa. La liturgia correspondiente invitaba, precisamente, a esperar a un Dios muy diferente al que continuamente se nos quiere presentar. Un Dios “especial”, empeñado en mostrarse débil, sencillo y pobre. Y para más INRI, San Pablo también va y lo remacha “…que nunca hizo alardes de su categoría”.