Hay que ver la cantidad de tinta que ha corrido sobre la asignatura “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”.
Y hay que ver también la confusión creada entre la gente y las conclusiones tan absurdas y disparatadas a las que algunos han llegado, apoyándose en gran medida, en la “Declaración de la Conferencia Episcopal Española”, de 20 de Junio de 2007, y en las sucesivas declaraciones episcopales que la han seguido, considerando “inaceptable en la forma y en el fondo” a esta asignatura y llamando a los padres “a la objeción de conciencia” a la misma.
De verdad, que no pensaba decir más de lo que he dicho ya sobre el tema, pero la Instrucción Pastoral del Sr. Cardenal de Toledo, de 21 de Septiembre de 2007, en la que descubro cosas interesantes, me he animado a hacerlo, para conocimiento de otros.
En su número 76 dice la mencionada I. Pastoral: “Incluso considero deseable y aun necesario, que haya una materia común, que eduque a todos los niños y jóvenes para vivir junto a los otros ciudadanos en nuestra sociedad española. El Estado, incluso, tiene un particular deber y responsabilidad sobre este tema…” y sigue en la misma línea.
De acuerdo con estas palabras, yo me pregunto: ¿no es esto lo que se pretende con esta asignatura?. Sin embargo, el Sr. Cardenal se niega a aceptarla por “tal como se va a desarrollar y aplicar”. ¿Cómo?, Lo mismo podría plantearse sobre cualquier otra asignatura, incluida la Religión. En los colegios existe el derecho a elegir sus textos y la Constitución reconoce la libertad de Cátedra.
No entiendo pues, su negativa y menos comprendo las razones en que se apoya: “hay un gran proyecto –el del actual Gobierno- de hombre y sociedad que se trata de imponer a todos los ciudadanos”. ¿No será esto, digo yo, prejuzgar demasiado? ,¿Cuál es ese proyecto?. Yo desde luego, no veo por ningún sitio en esta asignatura ese proyecto tan perverso que se quiere imponer y que vicia toda la asignatura.
En sus contenidos veo: solidaridad -respeto aún a opiniones opuestas a las propias -no violencia -paz -igualdad -participación ciudadana, y cosas por el estilo, sin más elucubraciones y teorías discutibles.
¿No sería lo más lógico unir fuerzas todos (padres, colegios, Iglesia, Estado y sociedad en general) en la consecución de estos objetivos?.
Dejemos para los creyentes lo específicamente religioso: Dios, verdad absoluta religiosa, sentido de trascendencia… No olvidemos que vivimos en una sociedad plural, laica y oficialmente aconfesional que, yo por lo menos, respeto y valoro positivamente.
AURELIO