Sobre la salida de José María Castillo de la Compañía de Jesús

Querido José María,

En la reunión de nuestra Comunidad de Base del Bibio (Gijón) del día 1 de este mes se comentó la noticia, recientemente llegada a nosotros, de tu salida de la Compañía de Jesús. La noticia nos apenó por lo que implica y significa acerca de dificultades para desarrollar tu labor teológica en el seno de la Orden a la que perteneciste durante muchos años.

La ocasión nos recordó otros casos similares: José María Diez-Alegría, Leonardo Boff, Hans Küng, Juan José Tamayo Acosta, Juan Antonio Estrada, Jon Sobrino… Nos duele y desconcierta una Iglesia que no sabe, no puede y no quiere admitir a sus mejores teólogos y aprovechar la enseñanza que el Espíritu aporta a través de ellos.

Aunque el trabajo y la lucha de cada uno es su carga personal que no se puede transferir a otros, es posible, sin embargo, identificarse y solidarizarse con los perseguidos por una causa que se comparte. En este sentido, nuestro grupo de Comunidades Cristianas de Base comprende que en una coyuntura como esta se encuentra a tu lado y al lado de todos los destinatarios del anuncio de Jesús, cuando dijo:

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros.  …pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Paradógicamente, la Iglesia que anuncia este Evangelio no vive este Evangelio. Su jerarquía se alinea con los poderes de este mundo para perseguir a los profetas de este tiempo. Como tú mismo escribiste en una ocasión: La Iglesia tiene un problema con el Evangelio, y el Evangelio tiene un problema con la Iglesia. Se da la contradicción insalvable de una institución con una estructura de poder y una jerarquía de origen y estilo constantiniano, cesarista, que debe administrar y comunicar un mensaje cristiano que, en esencia, es la negación y rechazo de ese tipo de poder. En la práctica, resulta un secuestro del Jesús del Evangelio por parte de los detentadores de ese poder, a quienes resulta incómodo el ejemplo del Maestro. Tal secuestro se concreta en sofocar la figura y el mensaje de Jesús bajo una maraña de ritos, dogmas y preceptos sin sentido, que desfiguran y ocultan el rostro de Jesús ante el mundo al que debe ser presentado.

Quienes nos debatimos en el intento de resolver esa contradicción experimentamos la frustración por el fracaso de nuestra lucha contra los poderes de este mundo, entre los cuales se instala confortablemente la jerarquía de nuestra Iglesia. Nos consuela el hecho de que el propio Jesús experimentó esa sensación de fracaso; la historia del pueblo cristiano es un permanente estar al lado de Jesús y compartir con él ese fracaso.  Dios construye su victoria sobre el Mal utilizando como materiales nuestra frustración y nuestro fracaso, lo que nosotros percibimos como fracaso pero que a los ojos de Dios no lo es.

Esperamos que, desde dentro o desde fuera de la Compañía Jesuíta, sigas siendo para nosotros un referente de la Iglesia que intenta superar sus limitaciones y sus deformaciones históricas en orden a la recuperación de la fidelidad al mensaje de Jesucristo. Tus obras nos son de mucha utilidad; recientemente alguien de nuestro grupo consiguió un ejemplar de tu libro: Espiritualidad para insatisfechos, que estudiaremos con el interés y atención que dedicamos a tus escritos. En alguna de nuestras reuniones anteriores hemos tratado artículos tuyos y de otros teólogos comprometidos. También recordamos la conferencia que impartiste hace unos años en Gijón en el marco de las Jornadas de nuestras Comunidades Cristianas de Base.

Gracias, José María, por toda una vida dedicada al servicio del Evangelio del Jesús al que queremos servir.

Gijón, 3 de Junio – 2007

COMUNIDAD CRISTIANA DE BASE DEL BIBIO