Sembrats
CCP Jesús Obrer-Sant Maur Nº203, València, 8 de marzo 2008 Tercera Parte
Tornaveu: Sobre la Limosna
Comunidad de Jesús Obrero-Sant Mauro. Valencia.
Al comienzo de Cuaresma Sembrats pidió la opinión de la Comunidad sobre la limosna, mediante un cuestionario anónimo. Lo que sigue es un resumen de las 26 respuestas recibidas, reagrupadas en seis apartados. Evitando la repetición, se recogen en ellos las ideas –literales y entrecomilladas– contenidas en las respuestas.
1. LA LIMOSNA
1.1. Definición:
– La palabra limosna “no me gusta”, “causa sensación poco grata”, “suena un poco mal”... Parece mejor usar el término “limosna” para “cuando se trata de una cantidad pequeña (“calderilla”) dada a quien tiende la mano en la calle”, conforme a una de las definiciones “que da el diccionario de la Real Academia de la Lengua: Dinero, alimento o ropa que se da a los indigentes”.
– Se distingue así de los gestos de “solidaridad con personas o colectivos para tratar de solucionar o apoyar proyectos concretos o situaciones de primera necesidad”. “Es más efectivo participar con un donativo en una colecta individualmente o a través de la comunidad, lo que no anula ayudar a una persona que se te pone delante y necesita de inmediato una respuesta material o de otro tipo”.
– “Normalmente lo que damos es de tipo material. Pero la limosna puede atender otro tipo de necesidades que podemos resolver o suavizar con nuestro trabajo o aportación, p. ej. enseñar el idioma a inmigrantes, ayudar a las mujeres inmigrantes a incorporarse a un trabajo digno, etcétera”.
– También cabe preguntarse si es limosna el dinero que se da a los artistas callejeros (músicos, pintores, saltimbanquis...) o mejor se trata del equivalente al precio de la entrada que se paga para acceder a un espectáculo. Se dice que es una “ocupación”, no un acto de mendigar.
– Resumiendo se puede decir que hay dos tipos de limosna:
a) El donativo que individualmente se da “cuando un conocido o desconocido me pide dinero”.
b) La participación en una colecta comunitaria.
1.2. Aspectos de la limosna
La limosna, donativo, colecta, cuotas en alguna institución o como se prefiera denominar, supone:
1º Fundamentalmente un acto de compasión, al ser conscientes de que hay una necesidad. “No es fácil pasar junto a un desheredado y mirar para otro lado, especialmente para un cristiano o cristiana ya que el mandato de Jesús sigue vigente: “Lo que hiciste a uno de estos, a Mí me lo hiciste”.
2º Un acto de humildad y reconocimiento de la propia pobreza, en sintonía con “la necesidad experimentada personalmente en el pasado, que mueve a prestar ayuda, al recordar y agradecer lo que otros hicieron conmigo”. De un modo u otro, todas y todos somos necesitados.
3º Un ejercicio de atención al otro: a) sin ningunearle (“en el caso de la mendicidad siempre tengo una desagradable sensación, especialmente con una chica, supongo que enferma mental y social, que siempre me la encuentro y busca mi mirada... Me siento mal conmigo misma...”); y b) “atendiendo lo que nos piden los necesitados”, no lo que se nos ocurra.
4º Una llamada al desprendimiento y a “participar en la comunión de bienes con los pobres”, puesto que “lo adquirido no me pertenece sólo a mí”.
5º Un deber de justicia. “La situación de quien necesita limosna motiva un compromiso por cambiar las cosas de un mundo injusto, donde se juega la vida de tantas y tantos”. “Cuando me extienden la mano pidiéndome limosna estoy viendo un mundo injusto. No puedo dejar de situarme en su lugar y preguntarme: ¿Cómo me sentiría yo en su lugar? Probablemente pensaría que pido ayuda por caridad, por no tener lo que se me debe por razón de justicia. La limosna no debería existir si el mundo repartiera con más solidaridad la riqueza y el progreso”.
1.3. Dificultades
= El sentimiento de impotencia “cuando veo que la situación de desamparo es tan grave que ninguna ayuda de tipo económico puede aliviarla”.
= Es difícil dedicar tiempo a aproximarse y conocer si la necesidad que se trata de atender es real, lo que en la práctica “está dificultado por nuestra forma de vida tan ocupada”. Con ello, “si pobre es quien conoce un pobre, como decía Vicente Martínez, se hace también difícil el hábito evangélico de empobrecerse”. Sin embargo, “ver de cerca y con el corazón empuja a actuar”.
= La limosna, a veces supone una interpelación engorrosa, como “cuando junto a la taquilla del cine se pone alguien a pedir”. “No me gusta que me pidan porque me crea violencia conmigo misma, tanto si doy como si no doy. Si doy me da la impresión de que: a) así acallo mi conciencia en cuanto a mi estado de bienestar; b) justifico no comprometerme más para que cambien las cosas y no necesite pedir nadie. Y si no doy, siempre me queda la duda: ¿y si de verdad lo necesita?”. “Ha habido veces que he cambiado de acera para no tropezarme con el mendigo de la esquina”...
= Muchas veces de hecho es un modo: a) de quitarse de encima una presencia molesta (por ejemplo, “cuando estoy sentada en una cafetería y un individuo empieza a pedirme dinero de manera insistente y amenazadora y, para que me deje en paz, le doy algo”); o b) de “tranquilizar la conciencia justificando con ella lo que gasto en cosas no necesarias, desoyendo el consejo de “que a nadie le sobre para que a nadie le falte”.
2. DAR LIMOSNA
En cuanto al hecho material de dar limosna, la respuesta general es afirmativa, es decir, “se da limosna”, matizándose en las respuestas que más adelante se recogen en este “Tornaveu”.
Al dar limosna se valora:
a) El respeto a la persona. “ya que se puede caer en un craso error y ofender la dignidad de una persona. Si me la piden sí doy”.
b) El diálogo con quien pide ayuda. “Si son del barrio intento intercambiar alguna palabra con ellos; de momento me quedo con eso y al encontrármelos otra vez dejo alguna moneda...”.
c) La forma de pedir: “Me resulta grato ayudar a personas que tocan cualquier instrumento mientras piden. Cuando me acerco a dejarles alguna moneda les miro a los ojos y sonrío; es la forma de dales las gracias por alegrarme con su música”. “Siempre aporto, pues lo considero una ocupación”.
d) La importancia de las ayudas no materiales: “si se entiende por limosna ayudar a resolver alguna necesidad sin que sea necesariamente un donativo material (dinero, ropa...), sí doy; intento hacerlo a través de aquellas asociaciones que puedan necesitarme, porque pienso que necesidades hay muchas y también muchas formas de intentar resolverlas. También cabría considerar aquellas ocasiones en que veo a una persona mayor o anciana y me siento mal al verlas en esas condiciones y doy algunas monedas. A veces me dan ganas de llevarles a alguna pensión para que se duchen y duerman calentitos, sobretodo en invierno, pero siempre pienso que con una vez que lo haga no es suficiente y no resolvería nada, ni para mi tranquilidad ni para su problema. “Por costumbre cuando una persona me pide una colaboración económica para comer, le suelo informar de los centros benéficos que hay en la ciudad”.
3. A QUIÉN SE DA
a) Por norma, cuando se trata de una cantidad apreciable se participa en las colectas propuestas por la comunidad y en organizaciones “que merecen confianza y se piensa que la aportación tendrá una repercusión social”.
b) Cuando se trata de pequeños donativos, selectivamente, en la calle (“según me pille”, “dejándome llevar de la sensibilidad del momento”, “cuando no vamos ocupados”) o “en las colectas de las parroquias cuando voy”. Y, en general, “a quien verdaderamente se cree que lo necesita”. Preferentemente se atiende a “gente conocida, niños y ancianos”.
4. A QUIÉNES NO SE SUELE DAR
– En general, a quienes no ofrecen cierta garantía sobre el destino final de la ayuda o se cree que engañan (“he presenciado quien se disfraza de viejecita para pedir”). Tal vez esa dificultad de conocer la verdad de la necesidad o la finalidad de la ayuda (“alimentar los vicios”) en el caso de los mendigos callejeros es la que mueve a negar la ayuda “a quien la pide por la calle”, aunque en ocasiones hacerlo pueda valorarse “como un gesto que pueda prender en el ambiente”.
– De modo especial se niega la ayuda a:
= “A quienes tienen como oficio el pedir (a estas personas las respeto, no las critico, pero no les doy)”. “A colectivos de personas que han optado por una forma de vida valiéndose de la limosna, explotando los sentimientos de la gente de buena fe”, como a veces pasa, cuando “se hacen acompañar por niños y niñas”.
= “A quienes van colocados con una u otra droga”, “van de espabilados o piden para vicios”.
= A los jóvenes “porque pienso que ante todo hay que buscar actividades, ya sean remuneradas o no, pero haciendo algún tipo de trabajo o servicio se consigue comida y se cubre básicamente el resto de necesidades”.
= “A organismos oficiales que desvían parte de la recaudación a otros proyectos que no son para los pobres”.
5. EL PAPEL DE LA CONCIENCIA
Me quedo con la conciencia tranquila:
A. Siempre:
“Si es algo meditado y destinado a un colectivo con garantías, casi me da satisfacción, pero rechazo mi complacencia pues es un deber”. “Me quedo con la conciencia muy tranquila porque creo que he hecho bien”. O porque “soy consciente de mi limitación”. O porque se piensa que “aunque alguien que pide lo haga por picaresca, para sobrevivir o desesperado... en ese momento está peor que tú: la vida lleva a muchas cosas... Pero aunque no dé nada me quedo tranquilo la mayoría de las veces porque personalmente intento vivir en actitud solidaria y participativa en aquello que puedes colaborar a solucionar”.
Sin embargo, aun quedando tranquilo cuando no se da limosna se sabe que “a veces pagan justos por pecadores”, ya que “si van de espabilados, es un problema, porque perjudican a los que de verdad les hace falta”... Y la duda asoma: “Muchas veces me pregunto si las personas que piden por la calle no será una de ellas Jesús (o si en alguna ocasión no me veré yo en esa misma circunstancia)”.
B. Nunca:
Es la respuesta mayoritaria, marcada por las dudas y/o una mala conciencia generadora de sentimientos ambiguos como se capta fácilmente:
– “No me quedo tranquila en ningún caso o la mayoría de las veces, tanto si doy como si no. Por un lado pienso que hay mucha picardía y no son de fiar quienes piden; pero al mismo tiempo siempre pienso que lo necesitan más que yo”. O “cuando no ayudo y en ocasiones me asalta la duda por si mi valoración ha sido correcta o no”.
– “Siempre me quedan remordimientos de conciencia, ya que la limosna si es humillante para quien la pide también avergüenza a quien la da, pues no es lo mismo comer “comida-basura” que buscar la comida en un contenedor de basura”. “Porque pienso que quien pide no lo hace por gusto”.
– “En los casos de la calle siempre me quedo con malestar. Si doy algo... me queda el sentimiento de mantener la mendicidad (‘alimentar el vicio’ se dice en otra respuesta); si lo rechazo, el malestar me dura más, pues gasto mi dinero en cosas superfluas y pienso que quienes llevan una vida bien dura tienen derecho a pequeñas satisfacciones... Pero así me quedo”. “Cuando no la das, rebobinas y te planteas la cantidad de cosas que te sobran; entonces te viene la mala conciencia”.
– “Porque pienso que podría dar más”, porque “nunca damos todo lo que deberíamos y porque no se arregla nada, sólo es un parche. Porque ‘damos’, pero no ‘repartimos”.
– “Cuando doy por miedo, por ejemplo en la calle, al aparcar, el “gorrilla”; o por la comodidad de “quitarte de encima el pobre”, o “cuando pienso que me engañan y a pesar de la duda, doy”... porque sé que en estos casos no sirve de nada, no ayuda a nadie y mi motivación es comodidad, egoísmo, temor...”.
– “No me quedo con la conciencia tranquila cuando veo pidiendo a una mujer con un niño, porque, según rumores, alquilan a los bebés para pedir”. O “cuando un niño pequeño me pide dinero en la calle y siento que debería actuar de alguna forma más directa (avisar a las autoridades, a los asistentes sociales, etcétera) en vez de darle dinero o no hacerlo para que no lo exploten”.
6. UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN
(O pistas para un posible debate)
= ¿Cómo superar positivamente los problemas de conciencia, si los hay? ¿Qué hacer para pasar de las “buenas intenciones a las razones de las obras”? ¿Cómo “profundizar en actitudes fraternas”?
= ¿Cómo conocer si una necesidad es real y superar así el temor del timo, engaño, etcétera?
= Si como afirma una de las respuestas “después de esta reflexión creo que deberé cambiar mi actitud”, ¿qué actitudes personales o colectivas cabría revisar, además de estas tres que se apuntan:
– “Esta encuesta me ha hecho reflexionar sobre el hecho de dar al que te pide de forma indiscriminada, a fin de estar más abierto hacia una forma de solidaridad más organizada”.
– “Creo que no basta con aportar dinero en una colecta; no sé cómo, pero debería implicarme más en el proyecto al que se destina el donativo”.
– “No critico a quienes han decidido vivir de la limosna. Es una opción más y supongo que les da lo suficiente para “sobrevivir”; eso significa que es gente que vive con lo mínimo y al día, libre de ataduras a posesiones materiales. Creo que algunas de ellas confían más en el amor de Dios que muchos de los que nos creemos buenos cristianos”