A propósito del "Jesús" de Pagola y de otras lecturas.

Aprovecho que el verano, con su ralentización de las actividades, permite sacar algún rato extra para abordar por escrito algo que a lo largo de los últimos meses me viene (pre)ocupando. Ya hace tiempo que lo percibo, pero es quizá tras la lectura del "Jesús"de Pagola -cuya lectura no me entusiasmó, al contrario de la del "Otro Dios/a" de los Hermanos Vigil, que me supuso una gran alegría- cuando veo más claro que todavía laten, conviven "vergonzantemente", entre nosotros dos talantes, maneras diferentes de "entender el mensaje de Jesús.
El libro de Pagola ha tenido entre "nosotros" y en un amplio expectro de la iglesia española, una indiscutible favorable acogida. Sin embargo, ya digo, no me entusiasmó. Al contrario del "Otro Dios es posible", que ha llegado después a mis manos: no he visto que haya tenido apenas ningún eco. (Entre paréntesis: En el libro de los hermanos Vigil me sorprendió el que es un testimonio de la mejor Iglesia latinoamericana y que, sin embargo está plagada de citas "nuestras", "europeas"-y de todas la partes- (me refiero sobre todo a las explicaciones que acompañan a las "Entrevistas..." en el formato informático). Aunque nos creamos que estamos "solos", la verdad es que de hecho estamos caminando juntos. Sin caer en la cuenta de ello, el Internet nos está intercomunicando complementando nuestras simpatías y afinidades y las visones nuevas que las distintas circunstancias nos permiten vislumbrar en una y otra parte del Planeta: ¡Estamos en la "misma onda"!).
¿Por qué no me entusiasmó Pagola con su libro? Es un libro en el que queda bastante claro la centralidad del Reino y de los pobres ... casi todos nuestros temas. ¿Entonces?
Aunque pretenda (en su intención primera) escribir desde la crítica histórica (y esto parece que lo hace muy bien, de manera que en este aspecto resulta un libro ya imprescindible), no deja de ser un libro casi de catequesis en el que se cuela -es casi imposible que así no sea- una manera de sobreentender el mensaje de Jesús. Y ahí no encaja con "mi" -"nuestra"- onda.
Digo "nuestra"porque creo que somos muchos los que nos movemos en ella, aunque, a decir verdad sospecho que, a pesar de que pensemos que sí lo estamos, no acabamos de aclararnos. Y Creo que en esta onda confluimos gentes de muchas procedencias y por diversos caminos. En concreto la gente con la que en esto me muevo, estamos muy marcados por una serie de testigos de Jesús en nuestros días que nos han espabilado y conducido nuestra mirada hacia donde parece que la claridad asoma.
Entre ellos Juan Mateos puso unas bases sólidas con su traducción, no sólo de los textos, sino del Mensaje, para ese caminar. Y así se esforzó en hacernos caer en la cuenta del "hecho diferenciador de uno y otro testamento; hay que decir que es la nueva relación con Dios, inaugurada por Jesús (intuída, descubierta, vivida..., diríamos nosotros, advertidos ya a no seguir cayendo en el inclusivismo religioso, cristiano)y la nueva responsabilidad del hombre, encomendada por él. Este cambio trascendental aparece en el «nuevo mandamiento», que sustituye a los antiguos (Ya no hay primero ni segundo..). Tal como lo formula el evangelista Juan, no aparece en él el nombre de Dios ni se pide amor para el Padre ni para Jesús: "Igual que yo os he amado, amaos también vosotros unos a otros" (Jn 13,34). Jesús nos invita a que nos amemos como ellos, como el Padre nos ama, que participemos de ese amor-vida. Jesús rompe los falsos dualismos. Dios-hombre. Se trata de un mismo amor: nos invita a sumergimos -a sentirnos sumergidos- en el caudal amoroso y vital del Padre. El pasaje del llamado juicio final de Mateo ("Venid benditos de mi Padre..., porque...": nuestro amor humano es "ya divino" ahí está la Vida de Dios, sólo ahí nos encontramos con el Padre) es central para esta manera de ver las cosas, que nos parece fundamental para una secularidad o laicidad auténtica vivida desde el modelo de Jesús; para un poder vivir la fe en un mundo secular querido y sustentado por el Padre. El "como si Dios no existiese..."; todo, ¡por lo menos lo mejor!, de Juan Luis Herrero -y tan hecho propio y reconocido por Juan Masiá ("El cuarto atrevimiento", en Redes Cristianas) y tantas cosas que han supuesto un madurar en nuestra fe ... me parece que viene de por ahí. Y lo encuentro en "El otro Dios es posible" y en la Teología de la Liberación, en Jose A. Marina y ...
Y eso no lo encuentro en el "Jesús" de Pagola. Por lo menos no con una toma de postura decidida. (Por ejemplo ver pág. 256-257; y sobre lo del Juicio Final pasa de puntillas... y eso transciende a casi todo el libro, a pesar de ...). Que conste que escribo ahora tomando como pretexto la lectura de este valioso libro, pero esa postura (que quizá en él es muy matizada) es la dominante, ya de una manera clara y exagerada, en la iglesia oficial y sobre todo impulsada por Juan Pablo II (ya al principio de su pontificado esa fue su gran preocupación respecto a los jesuitas, el cambio de rumbo que neciamente les impuso: lo primero es lo primero...). Y nos cuesta no dejarnos influenciar por ella en la práctica.
Y que no se nos diga que "nos" falta espiritualidad. Me atrevo, por lo menos en teoría, a hacer míos-"nuestros"- los moderados, a mi parecer demasiado tímidos reproches, que a eso me suena la carta, de Pedro Casaldáiga y Jose Mª Vigil (Podéis ver "Contemplativos en la liberación", en Redes Cristianas), reivindicando algo que sienten que se les niega: "Todo lo que es el movimiento cristiano de la Liberación, es decir, teología de la Liberación, Iglesia de los pobres, comunidades de base, participación de los cristianos en los movimientos populares, todo el imaginario social y religioso de la liberación: poesía, música, literatura, toda la experiencia pastoral popular acumulada durante estos años, la interminable lista de testigos de sangre que ha avalado con su martirio esta «caminata», todo esto es inexplicable sin la experiencia espiritual que forma el patrimonio -fuente que inspira y mueve a esta nube de testigos...
Y estos reproches, ya no los hago a la "Iglesia Ofiial", de la que no cabe esperar otra cosa, sino a nosotros, para que no nos dejemos "despistar" y busquemos a Dios donde no está y, por tanto, de la manera que no quiere. (Un paréntesis final, un desahogo: A mí -que tengo entre mis quizá taras un lejano y ya casi olvidado pasado en la Trapa, empeñado supuestamente en buscar a Dios "directamente" (puedo decir que fracasé), me sorprende el valor primordial -sí, primordial- que se sigue dando entre muchos de "nosotros" a la experiencia mística... No lo entiendo. Cada vez menos. Me parece un último -¿o nuevo?- reducto del "pensamiento mágico". ¿Dios se nos "presenta", actúa, en nuestras neuronas?. Y conste que sí echo de menos la reflexión, el espíritu crítico, el escuchar, el ser más profundos, "espacios verdes" diarios, lectura ... el rigor y la honradez intelectual... Y, en mí, más sentido poético... , más sentimiento.. Pero eso es otra cosa)

Comentarios

¿Nuestra onda?

No entiendo muy bien a que te refieres con nuestra onda, a mí me encantó el libro de José Antonio Pagola, volví a descubrir al Jesús que la Iglesia oficial nos había hecho olvidar. A raiz de ese libro os he encontrado a vosotros. Creo que hay muchos cristianos defraudados con el rumbo que llevan los que se dicen ser la verdadera iglesia instaurada por Jesucristo y que en realidad parecen haber olvidado todo sobre él. ¿Cuál es nuestra onda? Creo que como bien dices sería bueno aclararnos.