Ya puesto envío algo que había por ahí escondido.
Tras el largo caminar de nuestra vida cada cual va concretando el lugar donde situar su postura vital, dadora de sentido. Yo he llegado a ella, por mis circunstancias, a hacerlo dentro del "hecho religioso". Pero parece que puedo decir que, ya para mí, se confunde con el "hecho humano", pues he apostado (creo que seriamente) por la confianza en Jesús. Y él - y "los y lo suyo" - me han llevado a refundir esos dos "hechos". Jesús, se dice hoy repetidamente, fue, es, laico. También podemos decir que Dios es laico. Lo que ya expresaba San Ireneo, bebiendo de Jesús: La gloria de Dios es que el hombre viva. Dios no quiere "religiones": cultos, templos, sacrificios, sacerdotes. Jesús nos enseña a ver a Dios como padre empeñado en la felicidad de su hijos, porque nos quiere; está indefectiblemente de nuestro lado. Y es lo que desea de nosotros: que seamos felices, con una felicidad que sólo será verdadera si es compartida por todos.
Como ya he dicho, he llegado a esa postura dentro de un contexto cristiano, en concreto en una pequeña comunidad referenciada a otras más amplias, en la que hemos avanzado en la maduración de la fe dentro de la iglesia Católica.
Cada vez constatamos con más claridad, que esa Iglesia, cualquier iglesia, es de Jesús en cuanto se constituye con los que -y en cuanto que- se proponen seguirle. Que el "nudo" de "pertenencia" radica en el "seguimiento", no en ninguna mediación pontifical ni sacerdotal (menos en el "fichaje"). Parece ya evidente que todo el tinglado Jerárquico ha sido una impostura, un fraude tremendo que comenzó a gestarse en el momento en que la Iglesia -mejor: sus "ministros" (=servidores), que así dejaron de serlo- sucumbieron a la tentación del poder que les ofrecieron los emperadores de la Roma decadente. Fraude que se ha ido retroalimentando y autopotenciándose a lo largo de los siglos y que, evidentemente, ha restado fuerza al vigor del mensaje de Jesús aunque nunca pudo sofocarle. Su fuerza es tal, que siempre ha habido un resto que lo ha vivido y transmitido.
Supongo que siempre habrá sido como ahora: Una historia oficial, escrita por la Jerarquía (que se extiende desde el Papa hasta abajo, de una manera más o menos difusa y responsablemente protagonista) y otra historia - vida-, de la que apenas se sabe y menos se reconoce. Sobre todo "de abajo", aunque "milagrosamente" también esporádicamente nos sorprende "por arriba", que vive y transmite realmente el mensaje de Jesús.
La doble historia que se manifiesta, por ejemplo, también en nuestros días en los dudosamente mártires españoles del siglo XX, ostentosamente beatificados recientemente, y los auténticos mártires por el Reino, que a esta iglesia "de abajo" se nos han hecho tan patentes y tanta vida nos han dado y que posiblemente nunca sean reconocidos por la Iglesia "oficial" (¡y quizá mejor que no lo sean, para no confundir!): dos historias que vivimos y constatamos hoy y nos ayudan en la percepción de todo un pasado falseado.
¿Qué hacer? ¿Por qué no me borro de esa Iglesia?
I.- Ese grupo (ya digo que para mí empieza en mi pequeña comunidad, pero coordinada en círculos mayores y en comunión - por la manera de entender el seguimiento de Jesús- con movimientos de todo el mundo, gente de la que me siento orgulloso) en el que yo he madurado la fe y que avanzamos codo con codo en ella, es, ha nacido, pertenece a la Iglesia Católica, porción del Movimiento de los seguidores de Jesús, abiertos a la sintonía con todos lo que se mueven por el mundo mejor. No me parece que deba por mi cuenta hacer ningún gesto que pueda significar separarme de ellos.
II.- Pude ser que ese gesto (borrarse) pudiera pretenderse como repulsa hacia lo que significa la Jerarquía. Bueno. Pienso que urge tener claro ya de una vez por todas entre nosotros, que "lo Jerárquico" nunca ha sido cristiano (nada más ajeno a Jesús), que ha sido siempre un tumor en la Iglesia que ha minado su cuerpo. Ellos no son, en cuanto se presenten como jerarquía, iglesia. La Iglesia son los seguidores de Jesús, y en ésto no lo siguen.
III. ¿Cómo vivir -cómo vivo yo- el seguimiento de Jesús? No haciéndonos ya ni pocos ni muchos problemas respecto de la comunión con la Jerarquía. No podemos - no debemos- esperar a que nadie nos dé permiso (menos la jerarquía, a la que en cuanto tal no reconocemos) para vivir ese seguimiento de la manera que nos dicta nuestra conciencia apoyada en un amplio sentir comunitario y movidos por el ejemplo de tanta gente buena que hemos tenido la suerte de topar cerca y lejos de nosotros.
IV.- Viviendo ese seguimiento en comunidad.(de carne y hueso; dudo de las comunidades "virtuales"...) Creo que Jesús ya vio la conveniencia de no caminar solos. También ahora lo constatamos por la experiencia de nuestras vidas. Con un mínima (minimísima ...) organización y coordinación, con la centralidad de la eucaristía como lugar y ocasión para madurar conjuntamente con el espíritu de Jesús, compartir vivencias y orientarnos y animarnos en el camino de la verdadera felicidad que se alcanza en el salir de nosotros hacia los demás. Nada de templos, ni .....etc. Así muchos ya felizmente lo vivimos. Trabajar en la construcción de un Mundo Mejor. Supeditar todo en nuestras vidas a eso.
Y siempre hay, a lo largo de nuestra vida cotidiana, ocasión de sentir y compartir de alguna manera nuestra fe con compañeros que son todavía (al menos así nos parece) "víctimas" del engaño clerical, pero que van viendo y pretendiendo horizontes más abiertos. Y con los que coincidimos y sintonizamos sobre todo, como con otros muchos -creyentes o no- en las tareas por el Mundo Mejor
V.- Y de la Jerarquía, ¿qué?
- En cuanto cristiano, "miembro de la Iglesia", ya está dicho. No debemos malgastar energías en "desmontarla" directamente. Vamos a vivir nuestra vida. Prescindamos de ella en cuanto tal. De alguna manera hacerla el vacío, no tanto directa o obsesivamente, sino en la naturalidad del desarrollo de nuestra vida cristiana. No cooperar en lo más mínimo al sostenimiento de ese falseamiento del mensaje de Jesús. Esto nos lleva a muchos, y cada vez más y por imperativo de los hechos, a prescindir de la parroquia y de las falsas mediaciones e interpretaciones interesadas y mágicas. No necesitamos esas instituciones, últimas ramificaciones del entramado y del engaño jerárquico que no van por el camino de Jesús, sino que lo desfiguran.
- Otra cosa es cuando nos la topemos como un gran obstáculo o enemigo en la construcción de un Mundo Mejor. Como, por ejemplo, hoy lo estamos viendo en la construcción democrática de nuestra convivencia en nuestra sociedad española. La "Jerarquía española" (y su prolongación e influencia en los sucesivos estratos...), en general - y apoyada, no sé hasta que punto, pero mucho, por la Jerarquía del Vaticano- está siendo un factor político nefasto, que contribuye gravemente a ahondar el abismo entre las "dos Españas". En ese sentido son -en general, y en la medida que ahonden en eso- agentes políticos negativos que debo, en la medida de mis fuerzas, desvelar claramente.
Comentarios
Totalmente de acuerdo
Me ha encantado, que bien has expresado todo lo que yo pienso. Dentro de la iglesia yo empecé a conocer a Jesús, pero la iglesia que yo he vivido no es la que representa la jerarquía. Han quitado el sentido al nombre, o por lo menos así lo siento yo. Es difícil explicar a gente que sólo conoce la jerarquía eclesial por la T.V y las noticias que eres cristiano pero que no estás de acuerdo con prácticamente nada de lo que hace y dice "la iglesia"