- La compatibilidad de su moral con los principios éticos, y su aptitud para perfeccionarlos o realizarlos, o, al menos, su disposición para luchar contra los cinco escollos fundamentales para el progreso ético:
- - la pobreza extrema
- - la ignorancia
- - el miedo
- - el dogmatismo
- - la falta de compasión hacia el extraño
- La cercanía de la religión a la experiencia religiosa originaria, más que a una disciplina eclesial.
- La confianza en la capacidad de la inteligencia para acercar las personas a Dios. La religión que afirma una corrupción radical de la inteligencia es cuanto menos sospechosa.
- En caso de fundarse en una escritura considerada sagrada, su capacidad para liberarse de una interpretación literal.
- La decisión de no utilizar sistemas de inmunización dogmática que desacrediten toda experiencia crítica.
- La pureza en la transmisión, lo que implica la no utilización de medios coactivos, la no limitación de información a sus fieles, la libertad de discusión, el rechazo del miedo como método de adoctrinamiento, y el respeto a otras religiones.
- La separación del poder político y el rechazo de la fuerza o de mecanismos estatales para extender las creencias.
José A. Marina, "Ética, religión y laicismo", en XXIII Congreso de Teología, 2003